Acerca de que los tiempos están cambiando, no hay mucho que decir, porque todos lo estamos sufriendo en nuestras vidas. Pero lo realmente importante, es ser conscientes del ritmo al que cambia todo y tener la capacidad de adaptación necesaria, para ajustarnos a las nuevas circunstancias.

Hasta hace tan sólo unos meses, teníamos un sistema de trabajo y una estructura socio-económica estable, predeterminada culturalmente desde hace muchos años, en la que los sistemas estaban firmemente asentados. Sistemas que proyectaban formas de trabajo y estilos de vida muy específicos, en detrimento de otros que no aportaban “seguridad”.

La COVID-19 ha venido a rompernos los esquemas prestablecidos y a dejarnos claro, que en esta vida nada es seguro, excepto la muerte. Que lo que hoy es una verdad inamovible, mañana es un leve afirmación sin peso. Que el puesto de trabajo más seguro, el de un funcionario público, también puede estar en peligro y no ser el gran proyecto de vida que nos planteamos, al tirarnos 10 años de nuestras vidas dedicados en cuerpo y alma a estudiar unas oposiciones, mientras dejábamos de disfrutar de todo lo demás que existía a nuestro alrededor.

La pandemia ha hecho que cientos de personas pierdan sus puestos de trabajo en nuestro país. Que empresas grandes, medianas y pequeñas se vayan a la quiebra. Que multitud de familias se encuentren en una situación precaria económica y laboral. Pero sobre todo, la COVID-19 ha venido con un mensaje claro y contundente: “Nada va a volver a ser igual que antes, por mucho que nos empeñemos en negar los cambios”.

En muchos países como Alemania, Bélgica, Australia, Canadá, Finlandia, Uruguay… tienen sistemas laborales que cambiaron hace tiempo, de forma rentable y dinámica. Sistemas que apoyan la “no comodidad”, la necesidad de estar continuamente reciclándonos, la obligación de asumir cambios constantes en nuestro puesto de trabajo y en nuestras formas de vida. Pero sobre todo, son sistemas que apoyan las iniciativas, la creatividad y la valentía por desarrollar proyectos nuevos. Aunque en el camino fracases, no importa. Seguro que has aportado algún conocimiento válido y la experiencia te ha ayudado a crecer personal y profesionalmente. En nuestro país, si fracasas en tu emprendimiento empresarial, estás condenado económica y socialmente de por vida.

Países que apuestan por las personas y sus ideas. Países que dan la mano a lo diferente, a sistemas de trabajo alternativos que se compatibilicen con los ya asentados. Países que no juzgan o critican nuevas formas de hacer negocios, siempre y cuando sean legales. Países que comprenden que reciclarse en su puesto de trabajo no es hacer un curso obligatorio para sus trabajadores, de materias que no les aportan nada y menos aún, les motivan. Países que tienen claro que avanzar pasa por equivocarse, por tener iniciativa, por no acomodarnos toda la vida a hacer lo mismo, por probar cosas diferentes sin juzgarlas, por dar oportunidades reales a todas las personas independientemente de su edad, condición social o nivel cultural. Países que por encima de todo valoran a las personas y su talento.

En España, hasta antes de la COVID-19 el teletrabajo era poco menos que una realidad virtual, la conciliación familiar y laboral una utopía, la brecha laboral entre el hombre y la mujer un pozo oscuro, el apoyo a la creatividad y la innovación una farsa, la inversión en nuevas tecnologías un blanqueo de capital y los proyectos de reciclaje laboral, un negocio muy rentable sin repercusión alguna entre los trabajadores.

Ahora nos echamos las manos a la cabeza cuando vemos el futuro cercano y a medio plazo. Pero esto es lo que hemos sembrado entre todos. Esta realidad estaba latente desde hace mucho tiempo y un golpe de efecto nos ha dado una bofetada de realidad.

Un país no se sustenta de funcionarios. Son necesarios, claro que sí, pero el número no puede ser el que tenemos en nuestro país. No podemos pagar 5 ó 6 sueldos por un sólo puesto de trabajo: pagamos al de la plaza fija que se coge una baja de largo plazo y el primero que lo cubre tiene una baja, no sabemos por cuanto tiempo. Baja que es cubierta por otra persona que tiene un accidente laboral leve que le lleva a estar sin trabajar 6 meses, para lo que vamos a contratar a una cuarta persona que… Por favor, esto no se sujeta por ningún sitio.

Tenemos un país que fomenta la acomodación de los trabajadores y desde hace muchos años lo que se nos transmitía era que consiguiésemos un trabajo “para toda la vida”. No señores y señoras mías, nuestra realidad es cambiante y por ello, necesitamos estar en continuo reciclaje. Tenemos que educar laboralmente a las personas para que puedan adaptarse a los cambios, sin que ello represente una tragedia. Cambios que han

de pasar desde por un traslado de ciudad a un cambio en los parámetros de nuestro puesto. Pero sobre todo, mantener nuestras mentes activas con retos constantes, que nos impidan acomodarnos y relajarnos.

Si hacemos una rápida revisión de la situación laboral actual de España nos encontramos con: jóvenes muy preparados sin posibilidad de desarrollo laboral, con sueldos precarios, con un futuro complejo y sin apoyos para la innovación. Mujeres muy preparadas, con experiencia y capacidades, totalmente infravaloradas, sacando adelante el trabajo de otras personas, cobrando la mitad que muchos hombres en su mismo puesto y sin reconocimiento laboral. Personas en una franja entre los 45 y 60 con experiencia, preparación, formación y capacidades, sin posibilidad de reinserción al mundo laboral de una forma digna y sin opciones a emprender, por falta de apoyos económicos. ¡Con este panorama levantar un país va a ser complicado!

Si continuamos con los mismos parámetros con los que hasta ahora hemos desarrollado nuestro sistema laboral y profesional, vamos a dejar en el camino a muchas personas competentes y preparadas, totalmente necesarias para dar el impulso que necesita este país para salir de esta etapa de recesión. Creo que ha llegado el momento en asumir que otras formas laborales son posibles y efectivas.

En los países desarrollados las formas de trabajo como los sistemas multinivel, dan de comer a muchas familias de una forma legal y con dignidad. Es un sistema poco valorado en nuestro país y que en épocas complicadas de nuestro reciente pasado, ayudó a muchas familias a salir adelante. La figura de la vendedora que iba casa por casa para llevar los productos de cosmética, utensilios del hogar, joyas, enciclopedias, libros en general o ropa, está en la retina de todos nosotros. Este sistema de ventas que fueron la aportación económica que posibilitó que muchas familias pudiesen dar estudios universitarios a sus hijos, pagar las facturas al final de mes o irse de vacaciones una vez al año. Y en este sistema de trabajo nos encontramos con mujeres (principalmente ya que en los años 70 y 80 el sustento económico de la familia estaba a cargo del hombre) con formación académica y con grandes capacidades de gestión. Mujeres que supieron sacarse un sobre sueldo de forma digna, legal y con mucha creatividad.

Está claro que para conseguir resultados diferentes, hay que hacer cosas distintas. La realidad que se nos presenta es incierta pero seguro que mentes maravillosas se harán ricas en esta nueva etapa. El futuro es de los inquietos, de los creativos, de los que no copian y de los que no tienen miedo al fracaso. ¿Estás seguro/a de que lo que llevas tantos años haciendo es efectivo…? Yo que tú, me lo plantearía.